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Carpinteros de rivera

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Carpinteros de rivera: Héroes anónimos detrás de las medallas

TEXTO Y FOTOS OSNIEL VELASCO HERNÁNDEZ

Una medalla tiene muchas caras. Más allá de su anverso y reverso metálico, de los rostros de los atletas que la ganan, o incluso de sus a veces menos reconocidos entrenadores. Detrás de un deportista encaramado en cualquier escalón del podio, está el trabajo de muchos héroes desconocidos. 

Todos los triunfos deportivos de hoy –y me atrevo a absolutizar- son frutos del trabajo de equipo. No importa si es un evento o prueba individual, el colectivo es la clave, pues entre todos aseguran las mejores condiciones posibles para el atleta.

Un claro ejemplo de esta afirmación son el remo y el canotaje, deportes donde médicos, fisioterapeutas, personal de servicio… ¡y hasta carpinteros! se necesitan para asegurar una preparación y una competencia a la altura de una presea.

Personajes imprescindibles

Cuando por primera vez escuché hablar de carpinteros en la Escuela Nacional de Remo y Canotaje “José Smith Comas” ubicada en la presa La Coronela, de Caimito; me quedé perplejo y lleno de dudas, hasta que algunos entendidos me aclararon, solo algunas.

Con el bichito de la curiosidad activo, llegué a ese centro de donde tantos campeones han salido, y me encontré con Pedro Hernández y José Antonio Sánchez (Tony), los famosos carpinteros, y entre otras dudas me aclararon para qué se necesita de este oficio en estas disciplinas.

“Estos botes son muy frágiles y sensibles a los golpes, están hechos de fibra de carbono, un material fuerte y ligero pero que se daña con cualquier impacto en el agua. La más mínima imperfección en la superficie crea resistencia al agua y menor rendimiento de la embarcación; nosotros debemos reparar eso”, comenta Tony, quien lleva casi 20 años en este centro.

“A la hora de trasladar los botes a los eventos, tanto nacionales como internacionales, nosotros somos los encargados de amarrarlos y ubicarlos en los andamios, también debemos acompañarlos para luego descargarlos con el mayor cuidado posible, agrega José Antonio, encargado de las embarcaciones de canotaje.

“En los eventos internacionales y eventos multideportivos, excepto Campeonatos Mundiales y Juegos Olímpicos, debemos llevar los botes hasta el avión y asegurarnos que estén bien amarrados y cargados de la forma correcta. Una vez en la sede de competencia, casi siempre hay mucho trabajo, pues las averías en el traslado son frecuentes”, enfatiza este guanajayense quien entre otros, tiene a su cargo las canoas de Serguei Torres y Fernando Dayán Jorge.

“Otra de nuestras funciones es adecuar el bote al somatotipo de cada atleta, acomodarle el asiento, los puntos de apoyo y dejárselo a su mayor comodidad posible, para que pueda dar su mayor esfuerzo en el agua”, acota Pedro, quien atiende el área del remo.

“Aquí todos los días hay algo que hacer, los botes no paran, en entrenamientos, competencias y es nuestros deber que estén listos siempre, para que no haya interrupciones en su explotación, además garantizamos una mayor vida útil”, añade Pedro, ligado a esta labor por mucho más que una simple pasión.

¿Carpinteros sin madera?

Cuando ya llevaba un rato departiendo con estos dos hábiles hombres, me surge otra duda: ¿Por qué carpinteros? ¿Dónde está la madera?, y ellos amablemente accedieron a explicarme que es un término puramente tradicional.

“Ese calificativo simplemente se nos quedó. Antes los botes eran de madera y quienes los reparaban eran carpinteros, carpinteros de rivera; pero bueno, la madera en el agua se deteriora rápidamente por eso ocurrió la transición a materiales más resistentes”, explica Tony, quien comenzó a reparar botes justo cuando el equipo cubano casi culminaba ese cambio tecnológico.

“Primero fue el exterior del bote lo que pasó a ser de estos materiales artificiales, pero los agregados se mantuvieron de madera, hasta que poco a poco se cambiaron por aluminio, y otros mucho más resistentes y duraderos”, asegura este hombre que ha hecho “de todo en La Coronela.

En tanto Pedro comenta que hoy trabajan con fibra de carbono o de vidrio, aluminio y resinas para arreglar golpes, este último renglón, junto a las lijas para alisar la superficie reparada, son de los que más adolecen para realizar su trabajo.

Héroes desconocidos, pero no tanto

A pesar de que muy pocos conozcan su trabajo, y su importancia, en la escuela son personajes muy queridos e imprescindibles, además allí tienen todo el reconocimiento de sus compañeros y principalmente de los atletas.

Así lo hicieron saber el varias veces medallista mundial en la canoa Serguei Torres, el campeón Panamericano del kayak Reynier Mena, y las remeras titulares en esa misma instancia Yariulvis Cobas y Aymé Hernández; todos con muchas anécdotas y agradecimientos a la labor de Pedro y Tony. Pero Aymé les muestra un cariño especial, pues Pedro es su padre.

Pedro vino a trabajar aquí en 2010, cuando su hija llegó al equipo nacional. Ese año se mudó para Caimito, y había una plaza vacante. “Yo viví en Playa Larga y allí aprendí todo lo relacionado con la carpintería de rivera, incluso trabajaba en una cooperativa pesquera reparando botes”. El trabajar tan cerca de su hija le ha permitido verla bien de cerca en sus mayores triunfos.

Mientras tanto, Tony llegó a La Coronela en 1997, como parte de la brigada de mantenimiento, y desde ese entonces asegura haber hecho de todo aquí, desde buzo en la presa, albañil ocasional, hasta terminar como carpintero.

¡Como ahorran esos dos!

Pedro y Tony tienen en sus manos unas carísimas herramientas para navegar lo más rápido que la fuerza de un atleta le permita. El precio de los botes es elevadísimo: desde unos 8 000 euros, una embarcación monoplaza ya sea bote, canoa o kayak; hasta más de 15 000 euros los botes de cuatro u ocho capacidades del remo.

“En nuestras manos está el darles mantenimiento y repararlos para que tengan la mayor vida útil posible. Las embarcaciones más viejas o con más daños se utilizan para el entrenamiento y las nuevas los atletas y entrenadores las dejan para las competencias, y así las cuidamos también. Además, debemos arreglar las lanchas de la escuela” aseguran.

Las casas de botes están llenas de embarcaciones de distintas procedencias, tamaño, forma y sistemas técnicos; algunas le cuestan a Cuba casi el doble que a otros por el bloqueo; pero todas ellas pasan por las manos de Tony y Pedro, enfrascados en solucionar aquí, lo que afuera cuesta tanto, enfrascados en seguir dándole medallas a Cuba, sin importarles su casi anonimato.

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